domingo, 28 de marzo de 2010

LA CENA DEL SEÑOR

I Corintios 11:23-26


¨Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga¨.

La iglesia católica denomina la cena del Señor como eucaristía y la engloba dentro de lo que ellos llaman los siete sacramentos, dentro de los cuales también se encuentran: El bautismo, la penitencia, la confirmación, el orden sacerdotal, el matrimonio y la unción de los enfermos. Pero según lo que nos enseña la Biblia hay sólo dos ordenanzas que fueron constituidas por el Señor para la iglesia, que son el bautismo y la cena del Señor, llamada también cena conmemorativa. Estas ordenanzas son reconocidas en algunas iglesias evangélicas también como sacramentos.

Un sacramento se ha llegado a definir injustificadamente como algo que imparte cierto tipo de gracia especial departe de Dios a quien participa del mismo. Según esta creencia todo acto definido como sacramento hace recaer sobre la persona que lo recibe una gracia que ayuda para su salvación. Esta interpretación equivocada de la palabra sacramento ha degenerado, por ejemplo, en la creencia de que el bautismo salva.

Asimismo al decir que la cena del Señor produce algún tipo de gracia salvadora o que tiene el poder de perdonar los pecados de quienes participan de la misma, estamos haciendo insuficiente la obra salvadora de Jesucristo y haciendo imperfecto su sacrificio, y de esta forma reanudamos el sacrificio continuo que fue abolido por el Señor cuando murió en la cruz. Por causa de este razonamiento, y por querer sobredimensionar un acto que es sólo simbólico, hay dos fenómenos dentro del acto de la cena del Señor conocidos como ¨transustanciación¨ y ¨consustanciación¨.

La Iglesia Romana Católica enseña la doctrina de la transustanciación. La transustanciación significa que durante la misa tiene lugar un milagro por el cual la sustancia de los elementos ordinarios del pan y del vino se convierte en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo. Para los sentidos humanos, el pan y el vino no exhiben ningún cambio perceptible. Pero los católicos creen que aunque los elementos todavía se asemejan al pan y al vino, que saben como el pan y el vino, que huelen como el pan y el vino, etc., se convierten realmente en la carne y la sangre de Cristo.


La consustanciación, una doctrina luterana, considera que en la Eucaristía se encuentra de forma real Cristo, pero existiendo al mismo tiempo la sustancia del pan y del vino. Por lo tanto, y según los luteranos, después de la consagración no existiría en las formas únicamente la presencia divina de Cristo, tal y como se mantiene en la Transubstanciación, sino que además seguiría habiendo el pan y el vino originales.

Pero creemos que al ser la cena conmemorativa un acto ceremonial simbólico, estos elementos del pan y del vino no sufren ninguna transformación. El pan y el vino son los mismos elementos antes, durante y después de ser utilizados en la cena del Señor. No implican tampoco ningún sentido místico en el que el cuerpo y la sangre de Cristo se puedan expresar de forma dinámica en estos elementos. No hay nada misterioso en este acto que es solamente representativo y simbólico. El gran misterio en sí ha sido la obra expiatoria de Jesucristo, que estos elementos representan. En definitiva, estos elementos sólo representan el cuerpo y la sangre de Cristo, pero no lo son de ninguna manera.

Con relación a adjudicarle a este acto simple de la cena del Señor o a cualquiera otra ceremonia que podamos celebrar algún tipo de misticismo, no hemos podido encontrar nada en la Biblia que nos indique que la persona tenga que hacer algo para ganarse la salvación o para mantenerla; pero sí es muy claro en la Biblia que la salvación es solamente por la fe en Jesucristo, y que la misma fue obrada por él de una vez y para siempre: ¨pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados¨ (Hebreos 10:12-14).

Por eso decimos que la misa católica, que pretende hacer presente cada vez el cuerpo y la sangre de Cristo, no tiene asidero bíblico, pues Cristo murió una sola vez, y esa vez ha sido suficiente para siempre. De modo que es imposible e innecesario que se repita la muerte del Señor cada vez que se celebra la eucaristía. En este sentido la misa no es más que un invento de los hombres.

Respecto de la cena del Señor quiero compartir tres puntos sobresalientes:

1.- La Cena del Señor es Un Acto Conmemorativo.

El Señor ordenó que se hiciera en su memoria: ¨ haced esto en memoria de mí¨ (I Corintios 11:24). Este es un acto para recordar al Señor, para tener presente entre la congregación la realidad de su sacrificio obrado a favor de los hombres.

Los apóstoles fueron los primeros que participaron de la cena conmemorativa. Esto ocurrió durante la cena de la pascua, y el Señor hizo todos los preparativos en un aposento alto para esa ocasión tan especial. Aquella sería la última reunión con sus discípulos antes de su muerte; esto lo resalta Leonardo da Vinci en su pintura ¨La úlima cena¨. Los apóstoles recibieron el pan y el vino de la misma mano del Señor, pero no entendieron en ese momento el significado de ese acto. Fue después que el Señor resucitó y que recibieron el Espíritu Santo, que ellos se dieron cuenta de la magnitud de todas las cosas relacionadas con el Señor.

Los elementos que intervienen en la cena del Señor son el pan y el vino. El pan representa el cuerpo del Señor que fue partido, y el vino representa su sangre que fue derramada por nuestros pecados: ¨Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre¨ (I Corintios 11:23-25).

La cena conmemorativa tiene el propósito de anunciar la muerte del Señor y proclamar su segunda venida: ¨ Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga¨ (I Corintios 11:26). La iglesia estará celebrando la cena del Señor hasta que ocurra su segunda venida.

Al ser un acto conmemorativo la frecuencia para participar de la cena del Señor es prerrogativa de cada congregación, y el derecho de permitir que personas creyentes de otra congregación participen del acto, es también competencia de cada iglesia y de acuerdo a sus reglamentos internos. En todo caso, cada hermano debe procurar participar de la cena del Señor en su congregación.

Hay iglesias que participan de la cena del Señor cada semana, otras lo hacen cada mes y algunas lo realizan cada dos o tres meses. No se debe celebrar con tanta frecuencia que llegue a perder su significado e importancia, pero tampoco se debe privar a la congregación de participar con la frecuencia razonable de un acto tan significativo para la fe cristiana.

2.- La Cena del Señor es Sólo Para Creyentes.

No tiene sentido que una persona no creyente participe de la cena del Señor, de la misma forma que no tiene sentido que una persona que no se ha convertido sea bautizada, pues esta persona no sería más que alguien que ha sido mojado. En el caso de alguien que participe de la cena del Señor sin ser creyente, no sería más que una persona que ha comido una comida cualquiera.

La trascendencia de la cena del Señor estriba en el significado que tiene el acto para aquel que conoce todo lo que encierra la muerte de Jesucristo.

Esta es una ceremonia ordenada sólo para la iglesia, para la congregación local, para los hermanos que están congregados en un culto, nunca para ser administrado a una persona en particular. Si una persona no está presente el día que se celebra la cena del Señor, la misma deberá esperar a una próxima oportunidad que esta ceremonia se realice para entonces participar. La cena del Señor debe ser un acto colectivo y bien ordenado, pero sin parafernalia, sin pompa y sin adorno, con la más discreta sencillez.

3.- La Cena del Señor es Una Oportunidad Para Examinar Nuestra Vida.

No es que haya personas que sean dignas de tomar la cena del Señor y otras que no lo sean. En todo caso, ninguno sería digno de tomarla por sus propios méritos, nuestra salvación o participación en los asuntos santos no son derivados de nuestra justicia sino de la justicia de Cristo.

Algunas personas no participan de la cena del Señor porque han cometido algún pecado, o porque su relación conyugal no anda bien, o porque tienen algún problema en su vida, pero esto no es correcto. Ningún creyente debe eximirse de participara de la cena del Señor, lo que el creyente debe hacer es arreglar su vida y resolver los inconvenientes que estén a su alcance resolver con sus semejantes, antes de participar de la cena del Señor. Aquí se aplica el principio establecido por el Señor respecto de los que traen su ofrenda, a los cuales les manda a examinarse a sí mismos: ¨ Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda¨ (Mateo 5:23,24). No podemos presentarnos delante del Señor a sabiendas de que no hemos hecho la paz con nuestro hermano.

El tiempo de participar de la cena del Señor es una buena oportunidad para reflexionar acerca de nuestra condición espiritual y nuestra conducta. Aunque cada día debemos examinarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de lo que decimos o de lo que hacemos que ofende al Señor, que dio su vida por nosotros para que seamos nuevas criaturas, en el acto de la cena del Señor podemos una más profunda reflexión, ya que este acto nos recuerda todo lo que el Señor sufrió para que podamos tener una nueva vida. Este acto nos recuerda que debemos honrar al Señor con nuestros miembros y con nuestra mente, porque nuestro culto debe ser consciente y racional: ¨ Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta¨ (Romanos 12:1,2).

La cena del Señor nos recuerda a quién adoramos. A esto fue a lo que se refirió el Señor cuando le dijo a la mujer samaritana que a Dios debemos adorarle en espíritu y en Verdad: ¨ Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren¨ (Juan 4:21-24).

Toda persona que desea arrepentirse o reconciliarse con el Señor y así poder participar de la cena del Señor, debería hacer suya la siguiente oración de confesión del rey David: ¨

¨ Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.
He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve¨ (Salmos 51:1-7).

Crea en Jesucristo y haga esta oración de corazón, entonces será salvo.

Lendro González


Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 28 de marzo de 2010.

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lunes, 22 de marzo de 2010

EL BAUTISMO

Romanos 6:3-5


¨¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección¨.

El bautismo es un ritual magnífico que contrasta con los famosos baños de purificación del paganismo o con la práctica común en nuestra cultura de los baños de hojas en la supuesta búsqueda de la buena suerte. El bautismo tiene aparejado la grandiosa dicha de pertenecer al pueblo santo de Dios y ser así diferentes de los que son del mundo, implicando esto que hemos renunciado a las cosas del mundo para entrar en una nueva relación con Dios. El bautismo es la contraparte de lo que era la circuncisión para el judío. Una persona mostraba con la circuncisión que era judío y con el bautismo mostramos que ahora somos cristianos. Un tipo de bautismo era requerido a los prosélitos del judaísmo tanto hombres como mujeres.

Pero el bautismo cristiano es único, es una demanda del Señor Jesús. Todo aquel que confiesa a Jesucristo como su Señor debe ser bautizado. Este es un requisito del discipulado. Seguir a Cristo implica el deber de bautizarse. No se puede ser discípulo de Jesucristo y negarse al bautismo: ¨Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén¨ (Mateo 28:19,20).

El bautismo es lo que sigue a la conversión y es el acto mediante el cual uno se hace miembro de una iglesia local: ¨Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas¨ (Hechos 2:41).

Lo que una iglesia cristiana responsable hace cuando alguien se convierte, es tomar tiempo explicándole lo que ha significado su conversión y los puntos esenciales de la fe cristiana, especialmente aquellos temas que tienen que ver con la persona de Jesucristo, y además explicarle lo que implica ser miembro de la iglesia. Creemos que esto es saludable para la experiencia de fe de los candidatos al bautismo, pues de esta manera ellos son conscientes de las implicaciones de su conversión y de su bautismo.

El bautismo es sólo para personas que son conscientes de lo que están haciendo, y debe ser un acto voluntario. Por tal motivo no se debe bautizar a los niños. El sujeto del bautismo es aquel que ha manifestado fe en Jesucristo, y un niño no puede manifestar fe en nada ni en nadie, porque no sabe nada de nada, por lo tanto queda descartado para el bautismo. Además, un niño no necesita el bautismo porque no ha pecado todavía, así que no tiene nada de qué arrepentirse, ya que Jesús dice que de ellos es el reino de los cielos: ¨Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él¨ (Marcos 10:13-15).

Entonces queda claro que el bautismo de niños no es una práctica para nada apoyada por la Biblia, sino que más bien obedece a una práctica ligada a la tradición de la iglesia católica, que cree y enseña que un niño nace con la culpa o mancha del pecado original. Pero como vimos en el pasaje anterior, esta teoría se desvanece por la contundencia de las palabras del Señor Jesús en Marcos 10:13-15.

Nuestro Señor Jesús no fue bautizado cuando era niño, sino a la edad de treinta años cuando iniciaba su ministerio. El bautismo de Jesús tuvo el propósito de iniciar su ministerio, como una especie de investidura, no porque él se haya convertido, pues él no tenía pecado. Durante el bautismo de Jesús, Dios presentó ante los hombres las credenciales de su Hijo: ¨Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia¨ (Mateo 3: 13-17). Como vemos, aquí se pone de manifiesto la Trinidad de Dios, como ya hemos explicado en otra ocasión.

En el bautismo de Jesús también vemos su gran solidaridad con el hombre pecador al que él vino a salvar, y por el cual habría de desarrollar un ministerio de tres años, que culminaría con su muerte expiatoria en la cruz.

Con relación a la forma como debe realizarse el bautismo, debe ser realizado por inmersión, se debe sumergir a la persona en el agua, puesto que esto es lo que implica el significado mismo de la palabra ¨baptizo¨ en griego: Sumergir. Así que no es un bautismo el que se realiza rociando o derramando agua sobre la persona. El bautismo es un simbolismo de la sepultura, lo cual implica que creemos que Cristo murió, fue sepultado y resucitó, y además implica que creemos que nosotros los creyentes pasaremos por esa misma experiencia, tanto en términos espirituales como en términos físicos. En términos espirituales significa que hemos muerto a una vida de pecado (cuando somos sumergidos en el agua) y que hemos renacido a una vida nueva (cuando somos levantados del agua). Y en términos físicos, implica que así como Cristo resucitó, nosotros también resucitaremos cuando él venga por segunda vez.

El bautismo no salva, pero todos lo que son salvos, deben ser bautizados. Esto es importante entenderlo pues se ha querido dar al bautismo una implicación que no tiene. Es muy claro en la Biblia que lo que salva y borra los pecados es la conversión. Veamos lo que dice la Biblia en Hechos 22:16: ¨Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre¨. Aquí nos podemos dar cuenta que lo que lava los pecados es invocar el nombre de Jesús, no el bautismo. El ladrón de la cruz, el cual no fue bautizado debido a las circunstancias de su conversión, fue salvo, pues el propio Señor lo dice:¨Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso¨ (Lucas 23:43). Muchas personas reconocen al Señor cuando están moribundos y no tienen tiempo de ser llevados a las aguas del bautismo, y al igual que el ladrón de la cruz son salvos, porque lo que salva es la confesión de fe en Jesucristo, no el bautismo. Sin embargo, todo aquel que se convierte en condiciones normales, debe obedecer este requisito de la fe cristiana y debe anhelar ser bautizado.

El Señor nos ha dejado todos los detalles para la realización del bautismo. El bautismo debe hacerse en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, esto es a lo que llamamos la fórmula bautismal: ¨ bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo¨ (Mateo 28: 19). De modo que al igual que el día que Jesús fue bautizado por Juan, se manifestaron las tres personas de la Trinidad, asimismo se debe bautizar en el nombre de estas tres personas.

Comprendiendo todo esto, veamos tres puntos cruciales del bautismo que toda persona debe saber y que queremos enfatizar:

1.- El Creyente Es Bautizado Porque El Señor lo Ordena.

El bautismo cumple con un mandamiento del Señor: ¨bautizándolos¨ (Mateo 28:19). El Señor lo ordena en su Palabra. Hay dos ordenanzas que el Señor nos ha dejado: el Bautismo y la Cena conmemorativa. De la Cena conmemorativa hablaremos la próxima semana. Estas ordenanzas deben ser observadas por los creyentes hasta que el Señor venga. Un asunto importante que debemos resaltar aquí es que cualquiera persona que se niegue al bautismo está siendo desobediente al Señor y además está demostrando que en realidad no se ha convertido.

Los apóstoles cumplieron con esta ordenanza del Señor como vemos en la historia de la iglesia en el libro de los Hechos. Ha de entenderse que los apóstoles no realizaron los actos del bautismo solos, sino que tuvieron ayudantes para hacerlo, pues la Biblia habla de miles de conversiones en un solo día. En la historia narrada en el capítulo 8 de Hechos, Felipe, un diácono, bautiza al eunuco etíope que acababa de convertirse: ¨yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó¨ (Hechos 8: 36-38).

En la actualidad en la iglesia, las personas responsables de realizar el bautismo de los creyentes son: o el pastor, o un diácono o cualquiera persona designada por la congregación.

2.- El Creyente Es Bautizado Porque Es Salvo.

No se puede ni se debe bautizar a una persona que no ha manifestado fe en Jesucristo. El requisito previo para ser bautizado es haber creído: ¨¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó¨ (Hechos 8:36-38).

El único que salva es Jesucristo, no el bautismo: ¨ Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos¨ (Hechos 4:12).

En el bautismo católico, que se realiza a los feligreses cuando son niños, entiéndase niños que no tienen capacidad de discernir o saber lo que están haciendo, la práctica es buscar padrinos para el bautismo de los infantes. No se puede buscar padrinos para el bautismo, pues este es siempre un acto individual, personal, algo entre usted y Dios. Todo esto es totalmente contrario a la práctica bíblica y nada tiene que ver con el bautismo cristiano. Así que muchos actos bautismales son una simple fiesta o actividad particular que nada tiene que ver con el verdadero bautismo bíblico y cristiano.

La persona necesita primero creer en Cristo y ser salva antes de ser llevada a las aguas del bautismo. Si una persona que nunca se ha convertido fuera llevada a las aguas del bautismo por alguna iglesia o pastor, esto de ninguna manera implica que la persona sea salva. Este requisito de creer de todo corazón en Cristo es lo esencial para la salvación, no el bautismo. El bautismo es un resultado de ser salvo.

3- El Creyente Es Bautizado Para Dar Testimonio Público de Su Fe.

El bautismo se ha definido como una manifestación exterior de lo que ha ocurrido en el interior de nuestra vida. Decimos con el acto físico del bautismo cuál ha sido la experiencia de conversión espiritual que hemos experimentado internamente.

Cuando se realiza el bautismo, una pregunta obligada al candidato es: -¿Recibe usted a Jesucristo como su Señor y Salvador?- A la respuesta afirmativa de esta pregunta, el administrador del bautismo contesta: -En respuesta a tu manifestación pública de fe en Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo- Y acto seguido, la persona es sumergida en el agua para completar así este acto tan refrescante de la fe cristiana.

Es necesario dar testimonio público de nuestra fe en Jesucristo. El Señor dice en su Palabra acerca de esto lo siguiente: ¨ A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos¨ (Mateo 10:32,33).

El acto mismo del bautismo, con los creyentes reunidos, cantando y leyendo la Biblia, en el río o en el bautisterio en el templo, constituye un hecho único en la vida de cada persona que ha creído en Jesucristo.

En los tiempos bíblicos sólo los que habían tenido una conversión genuina se bautizaban, ya que esto implicaba para muchos grandes peligros de persecución y hasta la muerte. En el día de hoy, muchos que viven en países comunistas o donde impera el fanatismo religioso necesitan ser verdaderamente cristianos, verdaderamente nacidos de nuevo, para atreverse a bautizarse.

Quiera Dios que nosotros aprovechemos la libertad que tenemos de vivir la vida cristiana en nuestro país, y que seamos más activos en nuestro testimonio por Cristo.

El bautismo ha sido una de las prácticas de la vida cristiana que ha traído más regocijo al seno de la iglesia. Una iglesia que siempre tiene personas para bautizar es una iglesia que demuestra que está cumpliendo con su propósito y su razón de ser en el mundo, que es hacer discípulos. Pero una iglesia no debe bautizar a cualquier persona sólo para llenar el libro de membresía o para mostrar una llamativa estadística en sus informes, ni mucho menos para impresionar. Las personas deben ser bautizadas solamente cuando la iglesia cree verdaderamente que el candidato ha confesado a Cristo como su Señor, y muestre las evidencias de una genuina conversión.

El Bautismo produce gozo en la vida de la persona que es bautizada, un gozo que es compartido por los demás hermanos de la congregación. Por lo general, cuando hay bautismos en la iglesia ese es un día especial y de gran júbilo. Deseo de todo corazón que tengamos más fiestas de bautismos en nuestras iglesias para la gloria de Dios.

Leandro González



Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 21 de marzo de 2010.

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domingo, 14 de marzo de 2010

LA IGLESIA

Mateo 16:16-18

¨Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella¨.

Alguien ha dicho con sobrada razón que ¨la iglesia, aún con todos los defectos que pueda tener, es el mejor lugar donde podemos criar familias sanas¨. Yo estoy de acuerdo totalmente con esta afirmación.

La palabra iglesia viene del griego ¨Ekklesia¨ que significa ¨los llamados afuera¨. Esto se puede definir como que la iglesia está compuesta por los que son convocados de entre la multitud para constituir un pueblo aparte, santo, especial para Dios. La iglesia es el nuevo Israel, el Israel espiritual en contraposición con el Israel geopolítico.

La iglesia es un organismo y no una simple organización. Un organismo donde los creyentes constituyen el cuerpo y Jesucristo es la cabeza: ¨y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia¨( Colosenses 1:18). La iglesia es una entidad compuesta por seres humanos, y como tal no es perfecta, no es infalible, está sujeta a riesgos, por eso es cuidada por Dios y debe ser cuidada por los creyentes que la componen. La iglesia perfecta es la que Jesucristo ha comprado con su sangre, la que es representada en la Biblia como la esposa del Cordero (Apocalipsis 19:7,8).

La iglesia es el pueblo de Dios, está constituida por la multitud de los salvados. Esta multitud incluye a individuos de todas las naciones, de toda lengua, de toda raza y de todos los tiempos; estos son individuos que han creído en la Palabra de Dios, que por la fe son beneficiarios de la gracia de Dios. En este sentido la nación de Israel sólo será salva, en tanto ella misma manifieste fe en Jesucristo.

La iglesia es la congregación de los creyentes, no es el edificio, aunque de manera genérica ya se denomina al edificio o templo donde la iglesia se reúne, como la iglesia. Pero la iglesia son los creyentes dentro o fuera del templo: en la casa, en los lugares de trabajo, en los centros de estudio, en la ciudad o en el campo, en la calle o en el parque, en la cárcel o en libertad.

La iglesia del Nuevo Testamento es local, por lo tanto no existe en la Biblia la iglesia como una entidad jerárquica y universal. La iglesia universal visible sólo será posible cuando Jesucristo venga. Aunque ciertos movimientos ecuménicos pudieran tener propósitos loables, la verdad es que la idea de una sola iglesia universal es utópica en términos humanos y no es una idea bíblica. Sólo Jesucristo puede ser la cabeza de la iglesia.

En el Nuevo Testamento el gobierno de la iglesia es de estilo congregacional, donde unos oficiales elegidos por la asamblea tienen responsabilidades especiales, pero donde todos son hermanos, no hay jerarquías y todos son corresponsables de los asuntos que tienen que ver con la iglesia. En la iglesia las deliberaciones de la asamblea se deciden bajo la dirección del Espíritu Santo, y se procura el mayor consenso posible. Así que la iglesia no se conforma con una simple democracia, aunque muchas veces se tiene que limitar a ella.

En el Antiguo Testamento el pueblo de Israel era la iglesia de Dios, ellos eran el pueblo al que Dios había convocado de entre el mundo para constituirlo en su pueblo de sacerdotes y de gente santa. Eso fue así en Exodo 19:5,6: ¨Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel¨.

Pero como Israel falló, ahora ese pueblo de sacerdotes y de gente santa es la iglesia, tal y como Dios lo dice por boca del apóstol Pedro: ¨Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia¨ (I Pedro 2:9,10).

Los judíos como cualquiera otra persona o nación deben creer en Jesucristo para poder pasar a formar parte de la iglesia de Dios, ya que la iglesia está constituida por todos aquellos que han hecho la misma confesión que Pedro hizo: ¨Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente¨ (Mateo 16:16). En este sentido el apóstol Pablo en Romanos 9, 10 y 11 propone la tesis por excelencia respecto de la problemática que plantea para lo judíos el hecho de rechazar a Jesucristo.

Es mucho lo que se puede decir acerca de la iglesia, así que es imposible poder abarcar todo este tema en un sermón, por tal motivo nos concentraremos en tres aspectos fundamentales. Primeramente veremos que la iglesia es de origen divino, segundo que la iglesia tiene fundamento y por último veremos que la iglesia tiene un destino glorioso.

1.- La Iglesia es de Origen Divino.

La iglesia nació en el corazón de Dios. Dios la diseñó, la hizo posible en la persona de Jesucristo, con su muerte y su resurrección, y la sostiene en este mundo impío con el poder del Espíritu Santo, hasta el día de su segunda venida: ¨pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra¨ (Hechos 1:8).

En este sentido la iglesia no es una organización como lo son otras organizaciones humanas. Cuando los hombres tratan la iglesia como una organización cualquiera, entonces la iglesia pierde su razón de ser. Cualquiera que use la iglesia para sus fines particulares, como se utiliza un partido político o una empresa, está totalmente divorciado del sentido real de la iglesia. Hoy hay muchas organizaciones eclesiásticas donde las decisiones e ideas de los hombres son más importantes que las de Dios. No se plantea qué dice la Biblia, sino qué dijo el doctor o el apóstol tal, esto es una distorsión de la idea correcta de lo que es una iglesia.

El origen divino de la iglesia garantiza su indestructibilidad: ¨las puertas del Hades no prevalecerán contra ella¨ (Mateo 16:18). Ninguna fuerza humana o sobrehumana la podrá destruir. La iglesia puede ser amenazada, perseguida y atribulada, pero jamás destruida. Esta fortaleza de la iglesia no reside en la astucia de los líderes que la conforman, sino en Dios, que tiene la responsabilidad de guardarla y sostenerla.

La iglesia no depende de los hombres ni de gobiernos humanos, sino de Dios. Aunque es bíblico y correcto que los miembros de la iglesia diezmen y ofrenden para la causa de Cristo, esto no significa que la iglesia esté a merced del sostenimiento económico de los hombres. Los creyentes estamos llamados a sostener la obra del Señor con nuestro aporte financiero, pero la iglesia depende más de las oraciones y del compromiso espiritual y moral de sus miembros que de sus recursos económicos. Pero por lo general, cualquiera que llegue a la convicción de su deber de sostener la obra económicamente, es porque ya tiene la convicción de su compromiso moral con Dios y con su causa.

2.- La Iglesia Tiene Fundamento.

La iglesia es comparada con un edificio, y como todo edificio, tiene un fundamento. Jesucristo es el fundamento de la iglesia: ¨Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo¨ (I Corintios 3:11). El pasaje de Mateo 16:16-18 que nos sirve de base para nuestro sermón ha sido por lo general mal interpretado. Algunos dicen que Jesús fundó la iglesia sobre Pedro, pero esto no es lo que dice el pasaje bíblico. El fundamento de la iglesia es la confesión hecha por Pedro, no Pedro en sí. Pedro es ¨petros¨, piedra pequeña, y Jesús dijo, utilizando el vocablo ¨petra¨, roca: ¨y sobre esta roca edificaré mi iglesia¨ (Mateo 16:18). Jesucristo es la roca, la principal piedra de fundamento: ¨edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo¨ (Efesios 2:20).

Los apóstoles tenían la misión de ser los edificadores sobre el fundamento, y el fundamento de los apóstoles era Cristo mismo. A ellos Dios les reveló por medio del Espíritu Santo todo el evangelio de Jesucristo y les dio sabiduría para crear las bases doctrinales de la iglesia naciente:¨ Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho¨ (Juan 14:26).

El fundamento de la iglesia tiene que ver con la verdad. La iglesia se fundamente sobre la verdad de Dios. Jesucristo es la verdad de Dios: ¨Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí¨ (Juan 14:6). Este fundamento define la misión de la iglesia en este mundo. La iglesia está llamada a ser sal y luz del mundo: ¨Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder¨ (Mateo 5:13,14). La iglesia está llamada a dar testimonio acerca de Jesús.

La misión de la iglesia es descrita por el Señor Jesucristo en Mateo 28:18-20 y se ha denominado ¨la gran comisión¨: ¨Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén¨.

Hay un requisito previo para ser parte de la iglesia, este requisito es arrepentirse y convertise: ¨Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio¨ (Hechos 3:19).

3.- La Iglesia Tiene un Destino Glorioso.

Contrario a lo que vemos en la Biblia con respecto al destino del mundo, que no es nada bueno, el destino de la iglesia es un futuro glorioso y lleno de esperanza. No hay esperanza para este mundo, pero hay un destino feliz para la iglesia. El mundo que vemos hoy está reservado para el fuego: ¨pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos¨ (2 Pedro 3:7), pero a la iglesia le espera felicidad sin fin en la presencia del Señor.

Si bien la iglesia ha pasado por grandes pruebas al través de la historia, pero la verdad es que a la iglesia le espera un desenlace favorable en el final de los tiempos. En términos escatológicos, la iglesia será protagonista juntamente con Cristo en la lucha final del bien contra el mal. La iglesia cumple un papel importante en el equilibrio del mundo en el día de hoy, mucho más cuando esta se mantiene de rodillas.

El mensaje a las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3 constituye una magnífica alerta para las iglesias de todos los tiempos. Cada iglesia debe mirarse en el espejo de estas iglesias y ver cuál es su condición en la actualidad. En Apocalipsis hay una lista de las bendiciones que recibirá cada iglesia por su fidelidad. Las iglesias de hoy deben cuidarse de la manera como Satanás está introduciendo de forma sutil el mundo dentro de ella.

Jesucristo está preparando un lugar para cada creyente, un lugar para su iglesia: ¨No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis¨ (Juan 14:1-3). Tú necesitas ser parte de la iglesia que Jesús viene a buscar, tú necesitas creer en él y confesarle, esa es la manera como te puedes hacer parte de su iglesia en este día y asegurar así tu lugar en el lugar que él está preparando.

Leandro González
Sermón predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 14 de marzo de 2010.

VIDEO DEL MENSAJE

lunes, 8 de marzo de 2010

LA GRACIA DE DIOS

Salmo 32:1,2

¨Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.¨

David conocía la gracia de Dios. En el Salmo 32 él demuestra la convicción de su imposibilidad de justificarse delante de Dios, y reconoce su necesidad de la misericordia de Dios frente a sus maldades y pecados. Recordemos su famosa confesión de arrepentimiento en el salmo 51.

Cada uno de los creyentes del Antiguo Testamento sabía que era por la pura gracia de Dios que ellos podían ser perdonados; y que por su propia justicia ninguno podría jamás llegar a ser justificado. Eran conscientes de que por medio de la ley ellos no podrían ser salvados. Si no hubiera sido por la obra redentora de Jesucristo, ninguno de ellos se hubiera podido salvar. Entonces Jesucristo murió para salvar a los que manifestaron fe en el pasado, para los que manifiestan fe en el presente y para los creerán en él en el futuro. La salvación es sólo posible por medio de él, porque él es el portador de la gracia de Dios: ¨siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados¨ (Romanos 3:24,25).

Cuando hablamos de la gracia de Dios no podemos obviar el tema de la predestinación. Sin embargo, para un estudio pormenorizado acerca de la misma, y específicamente del tema de la elección, les remito al capítulo uno de Efesios el cual es un tratado acerca de la predestinación bien enfocada y entendida. Notará en este pasaje como se repite la expresión ¨en Cristo¨, lo cual corrobora lo que acabamos de decir.

Creemos que la gracia de Dios ha sido reservada por Dios a cada individuo en la persona de Jesucristo. La aceptación o rechazo que cada individuo haga de la persona de Jesús, es lo que determina su destino final (Juan 3:16). Ya hemos enseñado que la salvación es obra exclusiva de Dios, es él quien la ha diseñado, la ha propiciado, la produce y la mantiene en cada individuo que ha sido justificado y regenerado, que está siendo santificado y que será finalmente glorificado.

El propósito de Dios es que toda persona sea salva, independientemente de que él sabe que muchos serán condenados a pesar de su magnánimo interés. Dios podría obligar al hombre a ir al cielo, pero esto no haría que el hombre se arrepintiera y le amara, que es lo que Dios desea en última instancia. En cuanto a los pecadores, Dios está en su derecho de rechazar a unos y salvar a otros si así lo decidiera, pero esta no es la manera de Dios, sino que él da a todos la misma oportunidad de recibir o rechazar, de creer o no creer: ¨El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios¨ (Juan 3:18).

Parece ser que el reclamo del derecho al libre albedrío para lo único que le ha servido al impío pecador es para elegir su propia perdición. Aunque la obra de salvación que se opera en el ser humano es obra exclusiva de Dios, la condición para recibir el perdón de los pecados, de arrepentirse y convertirse, sólo se cumple en aquellos que usan adecuadamente su poder de autodeterminación. Pero note que para que se pueda operar la conversión, es necesaria una especial convicción de pecado, de justicia y de juicio, y esto sólo le llega al individuo bajo la influencia poderosa del Espíritu Santo (Juan 16:7,8).

Cuando el mensaje del evangelio es predicado, el pecador escucha con atención y entonces cree. Mire el ejemplo que encontramos en Hechos 8:26-38 en la conversión del Eunuco etíope: primeramente él escucha el evangelio departe de Felipe, y luego cree; pero en todo esto está operando el poder de Dios para que se logre el arrepentimiento y la conversión. Aquí se cumple lo que dice la Biblia: ¨porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad¨ (Filipenses 2:13). Esto comienza a ser así en nuestras vidas desde el día que nos convertimos, y continuará durante nuestra vida cristiana hasta la eternidad.

Con estas reflexiones preliminares en mente, quiero que veamos lo que implica la gracia de Dios, según el orden que encontramos en Salmo 32:1,2, el pasaje bíblico que sirve de base para nuestro sermón en esta noche.

1.- La Gracia de Dios Implica un Favor Especial.

El salmista nos dice: ¨Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado¨ (Salmo 32:1). Una bienaventuranza es una dicha, algo que hace a uno feliz, y en cierta forma especial, diferente. Pero es bueno explicar que la persona no recibe el favor de Dios porque sea especial, sino que la persona se vuelve especial después de recibir esta gracia. Además esta gracia hace a uno especial porque viene de Dios.

Los personajes del Antiguo Testamento que forman parte del salón de la fama de Hebreos 11, gozaron de la bienaventuranza de que habla David en el Salmo 32. De la misma manera la disfrutaron los apóstoles y todos los creyentes del Nuevo Testamento, y todos aquellos que han sido beneficiados con la gracia de Dios en el curso de la historia, los que la disfrutan en el presente y los que la recibirán en el futuro.

Este favor de que gozan los beneficiarios de la gracia divina, no implica sin embargo ningún mérito departe de quien la recibe, sino que todo el mérito reside en Dios quien la da: ¨Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe¨ (Efesios 2:8,9). Es por los méritos de Jesucristo que somos salvos. No hay dicha o bienaventuranza más grande que ser beneficiado con la gracia de Dios.

Muchas veces he sentido el poder estremecedor de la gracia de Dios obrando en mi vida. Creo que todo creyente ha pasado por la tentación de resistirse a la gracia de Dios, pero la gracia del Señor es irresistible. ¡Bendita atracción la que Dios obra en los salvados! ¡Jamás quisiera yo ser desahuciado de su amor! ¡Jamás deberíamos poner en juego una cosa tan preciosa! ¡Jamás debería ningún ser humano desaprovechar la bendita invitación que Dios le hace!: ¨Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana¨ (Isaías 1:18).

2.- La Gracia de Dios Implica el Perdón de los Pecados.

El Salmo 32:1 nos habla de la transgresión que ha sido perdonada y del pecado que ha sido cubierto. Toda persona que ha recibido la gracia de Dios ha sido perdonada de sus pecados y justificada delante de Dios. Pero se requiere arrepentimiento como condición para el perdón de los pecados. La amonestación del apóstol Pedro a los judíos en su sermón, el día de Pentecostés, contiene las siguientes palabras: ¨Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio¨ (Hechos 3:19).

La culpabilidad del hombre y de la mujer es innegable, ningún ser humano inteligente y consciente de su realidad puede negarlo. Esta condición de pecado inhabilita al ser humano para tener cualquier tipo de relación con Dios: ¨por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios¨ (Romanos 3:23). Es por esta razón que en esta nueva relación del hombre con Dios está incluido el perdón de los pecados pasados, el perdón de los pecados presentes y el perdón de los pecados futuros.

Este concepto del perdón de los pecados en la vida cristiana es una cuestión que genera controversia entre los creyentes: Cómo es posible que los pecados puedan ser perdonados en esa dimensión, argumentan algunos. Pero recordemos que es del perdón de Dios que estamos hablando. Dios no nos salva a riesgo de la posibilidad de perdernos o condenarnos. Si Dios nos ha perdonado, ese perdón tiene que ser para siempre y continuo. Así como es imposible que el hombre pueda ser merecedor del perdón y de la salvación, de la misma manera es imposible que cualquiera cosa que el hombre redimido haga pueda trastornar o frustrar, ni mucho menos anular el perdón de Dios; porque el perdón, así como la salvación están garantizados por Dios: ¨Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día¨ (2Tesalonicenses 1:12).

3.- La Gracia de Dios Implica Exoneración de la Condenación Eterna.

El salmo 32:2 nos dice: ¨Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño¨. La gracia de Dios garantiza la salvación y la vida eterna, por lo tanto el que recibe esta gracia, está exonerado de cualquier tipo de condenación por causa del pecado: ¨Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu¨ (Romanos 8:1). Jesucristo asumió toda deuda y todo pecado. Toda condenación fue clavada en la cruz: ¨anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz¨ (Colosenses 2:14).

Los creyentes están seguros aún en el juicio. Los que han sido redimidos no tienen cargos en su contra, pues toda deuda ha sido saldada por el Señor en la cruz. El se hizo garante de todas nuestras culpas: ¨Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros¨ (Isaías 53:4-6).

Estas palabras no están de más en la Biblia, fueron cumplidas cabalmente en la persona de Jesús, y nosotros podemos estar confiados por lo que él ha obrado en favor de nosotros. El cuadro representado en el Getsemaní habla con elocuencia de la gran batalla librada por nuestro Señor y Salvador para vencer todas las fuerzas del mal y darnos la victoria frente al pecado: ¨Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza¨ (Lucas 22:41-45).

Toda la culminación de la evidencia palpable, para nosotros los seres humanos, de la obra de salvación y de la gracia de Dios, la veremos el día de la resurrección cuando el Señor Jesucristo regrese por segunda vez a la tierra. Jesucristo, el Rey de Reyes y Señor de señores, estrujará en la cara de los incrédulos y de los hombres malos toda esta evidencia, y lamentarán por siempre el haber rechazado la gracia divina.

Leandro González


Mensaje predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista, el 7 de marzo de 2010 en Mao, República Dominicana.